El censo de hidrantes, columnas, balsas y tomas sobre el mapa oficial del Instituto Geográfico Nacional, con su caudal, su presión y la fecha de su última revisión. Se importa desde los datos abiertos del ayuntamiento; no se teclea a mano.
Solicitar demoUn punto de agua puede estar operativo, obstruido —existe y funciona, pero no se puede llegar: coches encima, obra, vegetación—, averiado, fuera de servicio o sin comprobar. Lo que nadie ha mirado sale en gris y no en verde, y no es un detalle de color: en un mapa el verde se lee como «cuento con esto», y eso es exactamente lo que no se puede decir de un dato que nadie ha ido a ver. Los puntos nacen sin comprobar y solo cambian cuando alguien los revisa.
Guardar lo que se midió y actualizar el estado del punto son la misma operación, no dos. Si se pudieran separar, antes o después habría un hidrante marcado como operativo cuya última revisión dice que está averiado, y a partir de ahí el mapa deja de servir para lo único que sirve: decidir a dónde va el camión.
Casi todos los ayuntamientos que publican su red la publican en GeoJSON o en CSV, y nadie va a teclear cuatrocientos hidrantes a mano. La importación nunca descarta el fichero entero por una fila mala: un censo municipal real trae filas sin coordenadas, con comas en vez de puntos y con los tipos escritos de mil maneras. Se importa lo que se puede leer y se informa del resto. Encima de la cartografía del IGN se pueden superponer la ortofoto del PNOA, el catastro y el SIGPAC, para saber de quién es la finca por la que hay que entrar.